La adolescente talentosa que le robaba toda escena a Katie Holmes en Dawson’s Creek es hoy una de las actrices más versátiles de Hollywood. Michelle Williams, sin embargo, no ha tenido una carrera convencional. La joven madre selecciona con perfección cuasi quirúrgica las cintas en las que participará. Sus elecciones, tradicionalmente películas de corte independiente como Blue Valentine (2009) y Wendy y Lucy (2008), le han abierto las puertas del Hollywood más convencional y también le han dado la opción de aceptar sólo aquellos proyectos en los que cree, como Shutter Island de Martin Scorsese y Mi semana con Marilyn, por la que fue nominada al Oscar como Mejor Actriz.

La elección de Williams para interpretar a Marilyn Monroe, cuyo nombre verdadero era Norma Jeane, fue criticada ya que alguien más voluptuosa y  sexy como Scarlett Johansson parecía una opción menos arriesgada para interpretar a la diva. Las dudas se acallaron cuando en Noviembre de 2010 la producción inglesa publicó las primeras imágenes de la película: Marylin estaba viva.

Mi semana con Marilyn es un duelo de actuaciones. Una batalla entre uno de los actores británicos más populares de finales del siglo 20, Kenneth Branagh quien interpreta a Sir Laurence Olivier, y la joven estadounidense que podría convertirse en la próxima Meryl Streep.

Así como Streep nos brinda una mirada a la vida privada de la Thatcher en La dama de hierro, Williams nos da la oportunidad de conocer a la Marilyn que nunca vimos en las pantallas. Desde la primera escena Michelle queda en el olvido: su cuerpo y voz reencarnan tanto en Norma Jeane, la actriz deprimida que deseaba tener una familia y que pasó una semana mágica con un joven llamado Colin (interpretado por Eddie Redmayne), como en Marilyn Monroe, el papel que hizo de Norma Jeane una leyenda y que, a la fecha, ilumina las pantallas cinematográficas con su presencia. –María Gabriela Muñoz (@littlemsmunoz)